Libro primero — El día más largo

logicapsula 5.2

—¿Qué has encontrado aquí, slag? —Uno de los que llevan bate husmea alrededor de Isha, como un perro lamiendo el rastro de una perra en celo—. Tu mochila, loser. Dámela —La cosa metálica reacciona. A la altura del cuello de Isha se forma repentinamente un tentáculo puntiagudo, como el aguijón de un escorpión, que apunta amenazadoramente hacia el P. Mouth—. ¡¿Qué es eso, slag?! —El P. Mouth es un yonqui sin apenas neuronas en su cerebro, pero las que le quedan se crillan de miedo haciéndole dar un ridículo salto hacia atrás.

—¡Dejadla en paz! —Abdhul reacciona pateando la espinilla del gigante, el boss de los otros dos idiotas; un enorme trozo de carne con baja autoestima al que un crío de nueve años acaba de darle una lección de coraje.

El gigante coloca la recortada en la cabeza de Abdhul y con una mirada de desprecio se la revienta esparciéndola en mil pedazos sobre la basura. Isha se queda petrificada, sin aliento, escuchando los gritos de Sasha que salen a chorro de su cuello hasta que la manaza cibernética del ogro los ahoga con un fuerte apretón.

—Tan pequeña y grita como una puta ¿eh? —Los otros dos P. Mouth ríen la gracia de su líder a coro—. Contesta al colega, kiska —Mientras Isha permanece en shock, la mano del boss no deja de apretar el cuello de la pequeña Sasha hasta rompérselo sonando con un discreto crujido.

Isha se echa las manos a la cabeza y grita desesperadamente. Sus ojos parecen 

salírsele de las órbitas. No puede creerse que eso esté pasando de verdad. Intenta despertarse de esta pesadilla, pero lo que está ocurriendo es la realidad; un repulsivo bocado que ella no puede digerir.

La masa oscura piensa, analiza la situación en un par de yoctosegundos. No es solamente una I.A. de combate, ni siquiera de las más nuevas. Este ser aprende, progresa con cada acción que desarrolla. Sus sensores térmicos le permiten, como a una serpiente con su lengua, localizar los sudorosos y drogados cuerpos de los pandilleros entre toda la fría basura del vertedero. Un complejo cálculo veloz de algún tipo de lector telemétrico le da la información sobre la clase de objetos que portan cada uno de ellos, y de algún modo, esta cosa parece adelantarse a todos deslizando bajo la basura más tentáculos sin que los P. Mouth se den cuenta.

Antes de que una nueva lágrima de su soldado llorón surja de sus ojos, la criatura ya ha establecido prioridades y estrategias para reaccionar. El brazo del pandillero que sujeta la recortada pertenece a John ¨The rock¨ Gibson, un humano adulto de veintitrés años y cien kilos; el notas, el perdonavidas con baja autoestima, el jefecillo de esta panda de perturbados. Cuando John ve cómo un negro y frío tentáculo metálico le rodea el brazo, sus pupilas se dilatan como cuando consume comaína pura sin cortar de un nuevo alijo. Los tentáculos metálicos giran bruscamente cercenándole el brazo con precisión quirúrgica, y John no es capaz de realizar ninguna otra acción más que mirar su brazo cortado escupiendo chorros de sangre  sobre sus propias botas.

—¿Qué has encontrado aquí, slag? —Uno de los que llevan bate husmea alrededor de Isha, como un perro lamiendo el rastro de una perra en celo—. Tu mochila, loser. Dámela.

La cosa metálica reacciona. A la altura del cuello de Isha se forma repentinamente un tentáculo puntiagudo, como el aguijón de un escorpión, que apunta amenazadoramente hacia el P. Mouth.

—¡¿Qué es eso, slag?! —El P. Mouth es un yonqui sin apenas neuronas en su cerebro, pero las que le quedan se crillan de miedo haciéndole dar un ridículo salto hacia atrás.

—¡Dejadla en paz! —Abdhul reacciona pateando la espinilla del gigante, el boss de los otros dos idiotas; un enorme trozo de carne con baja autoestima al que un crío de nueve años acaba de darle una lección de coraje.

El gigante coloca la recortada en la cabeza de Abdhul y con una mirada de desprecio se la revienta esparciéndola en mil pedazos sobre la basura. Isha se queda petrificada, sin aliento, escuchando los gritos de Sasha que salen a chorro de su cuello hasta que la manaza cibernética del ogro los ahoga con un fuerte apretón.

—Tan pequeña y grita como una puta ¿eh? —Los otros dos P. Mouth ríen la gracia de su líder a coro—. Contesta al colega, kiska —Mientras Isha permanece en shock, la mano del boss no deja de apretar el cuello de la pequeña Sasha hasta rompérselo sonando con un discreto crujido.

Isha se echa las manos a la cabeza y grita desesperadamente. Sus ojos parecen salírsele de las órbitas. No puede creerse que eso esté pasando de verdad. Intenta despertarse de esta pesadilla, pero lo que está ocurriendo es la realidad; un repulsivo bocado que ella no puede digerir.

La masa oscura piensa, analiza la situación en un par de yoctosegundos. No es solamente una I.A. de combate, ni siquiera de las más nuevas. Este ser aprende, progresa con cada acción que desarrolla. Sus sensores térmicos le permiten, como a una serpiente con su lengua, localizar los sudorosos y drogados cuerpos de los pandilleros entre toda la fría basura del vertedero.

Un complejo cálculo veloz de algún tipo de lector telemétrico le da la información sobre la clase de objetos que portan cada uno de ellos, y de algún modo, esta cosa parece adelantarse a todos deslizando bajo la basura más tentáculos sin que los P. Mouth se den cuenta.

Antes de que una nueva lágrima de su soldado llorón surja de sus ojos, la criatura ya ha establecido prioridades y estrategias para reaccionar. El brazo del pandillero que sujeta la recortada pertenece a John ¨The rock¨ Gibson,  un humano adulto de veintitrés años y cien kilos; el notas, el perdonavidas con baja autoestima, el jefecillo de esta panda de perturbados.

Cuando John ve cómo un negro y frío tentáculo metálico le rodea el brazo, sus pupilas se dilatan como cuando consume comaína pura sin cortar de un nuevo alijo. Los tentáculos metálicos giran bruscamente cercenándole el brazo con precisión quirúrgica, y John no es capaz de realizar ninguna otra acción más que mirar su brazo cortado escupiendo chorros de sangre  sobre sus propias botas.

El día más largo — Parte 03 | 2 de 3

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