La carta que nunca se envió

logicapsula 1.1

«El futuro no llega antes de encontrarnos, pero viene corriendo encima de nuestras cabezas» (Ibn Rahel)

Siempre me gustó mirar sin ser visto. Ser ese voyeur escondido en un agujero desde el que mirar con detalle todo lo que pasa, sin que nadie sepa que estoy acechando como un perro cachondo. Así terminé siendo quien soy. Así logré mi primer Topfox como cibercronista, merodeando por el desierto alrededor de la vieja N-211, cuando me asomaba por la azotea de uno de esos edificios en ruinas. Desde allí descubrí a Roi, un pirado de una eco-aldea del norte que iba como un kamikaze esquivando los baches de la carretera, montado en un jeep eléctrico hecho trizas con el sol naranja de la tarde lamiendo las placas solares del techo. Como no podía ser de otra manera, acabó rodeado por los Old Marauders. Le sacaron del coche a golpes y durante un minuto entero se revolvió entre el polvo, boca arriba, como un escarabajo que intenta darse la vuelta sin conseguirlo. Sabes que nadie sale vivo de la N-211 si no ha pagado antes a los OM’s. Y Roi lo sabía, pero el muy baida creyó que le dejarían en paz al ver su cargamento. Valiente come-lechugas. Después de soltar una jauría de carcajadas viendo cómo se retorcía el viejo en el suelo, los OM’s le apuntaron con sus MK. Pero Roi aún guardaba un as en su harapienta manga. Sabía que iba a palmarla ahí mismo, así que ¿por qué no convencerles de que le concedieran un último deseo recurriendo al poco honor que les quedaba? Era lo único que podía conseguir de esa banda preñada de ex-militares y mercenarios.

El último deseo de Roi removió los sesos del jefe del pelotón con tanta curiosidad, que se lo concedió mirándole como una gambirata ansiosa por la nueva basura del día. Le obligó a arrodillarse, le puso un two-shot en la boca, se lo encendió y ordenó a dos de los suyos que vaciaran el coche.

—No me jodas, viejo —El jefe rompió a reír al ver que Roi llevaba el coche lleno de antiguos libros de papel—. Vamos a reventarte la cabeza por ¿unos putos libros?

Los auspex de mi burodema no conseguían una buena calidad de audio. El viento golpeaba con fuerza a ráfagas y ensuciaba la grabación, así que hice reptar mi dron bajo la arena hasta la zona para grabarlo todo con detalle.

—¿Va en serio? —El jefe volvió a reír cuando Roi sacó del interior de su gabardina un taco de folios amarillentos—. ¿Es una fok carta de verdad, abuelo? ¿Y tu último deseo es leernos todo eso? Seguro que te habrás corrido de gusto escribiéndola, pero me da que no voy a aguantar todo ese rollo en mi cabeza.  Yo lo veo así, matusalén. O tus rodillas no van a aguantar tanto rato en el suelo y vas a pedirme un descanso, con lo que te pegaré un tiro y se habrá acabado toda esta mierda, o vas a tener los huevos de querer leernos todo el taco, con lo que vas a ponerme la cabeza como un globo y terminarás obligándome a pegarte un tiro para acabar esta mierda. Lo pillas, ¿no? Aunque me crille joderle a un fósil como tú, todo esto nos lleva a que te pegue un tiro para acabar con esta mierda. Así que aprovecha tu último momento de gloria —Roi escupió el filtro quemado del two-shot por encima de su barba blanca y movió las flemas de su garganta tosiendo entre gárgaras—. Es un asco hacerse viejo ¿eh? Dale, abuelo, que no tenemos todo el día.

—Pero lo que  yo quiero es que esta carta…

Siempre me gustó mirar sin ser visto. Ser ese voyeur escondido en un agujero desde el que mirar con detalle todo lo que pasa, sin que nadie sepa que estoy acechando como un perro cachondo. Así terminé siendo quien soy. Así logré mi primer topfox como cibercronista, merodeando por el desierto alrededor de la vieja N-211, cuando me asomaba por la azotea de uno de esos edificios en ruinas.

Desde allí descubrí a Roi, un pirado de una eco-aldea del norte que iba como un kamikaze esquivando los baches de la carretera, montado en un jeep eléctrico hecho trizas con el sol naranja de la tarde lamiendo las placas solares del techo. Como no podía ser de otra manera, acabó rodeado por los Old Marauders. Le sacaron del coche a golpes y durante un minuto entero se revolvió entre el polvo, boca arriba, como un escarabajo que intenta darse la vuelta sin conseguirlo.

Sabes que nadie sale vivo de la N-211 si no ha pagado antes a los OM’s. Y Roi lo sabía, pero el muy baida creyó que le dejarían en paz al ver su cargamento. Valiente come-lechugas. Después de soltar una jauría de carcajadas viendo cómo se retorcía el viejo en el suelo, los OM’s le apuntaron con sus MK. Pero Roi aún guardaba un as en su harapienta manga. Sabía que iba a palmarla ahí mismo, así que ¿por qué no convencerles de que le concedieran un último deseo recurriendo al poco honor que les quedaba? Era lo único que podía conseguir de esa banda preñada de ex-militares y mercenarios.

El último deseo de Roi removió los sesos del jefe del pelotón con tanta curiosidad, que se lo concedió mirándole como una gambirata ansiosa por la nueva basura del día. Le obligó a arrodillarse, le puso un two-shots en la boca, se lo encendió y ordenó a dos de los suyos que vaciaran el coche. 

—No me jodas, viejo —El jefe rompió a reír al ver que Roi llevaba el coche lleno de antiguos libros de papel—. Vamos a reventarte la cabeza por ¿unos putos libros?

Los auspex de mi burodema no conseguían una buena calidad de audio. El viento golpeaba con fuerza a ráfagas y ensuciaba la grabación, así que hice reptar mi dron bajo la arena hasta la zona para grabarlo todo con detalle.

—¿Va en serio? —El jefe volvió a reír cuando Roi sacó del interior de su gabardina un taco de folios amarillentos—. ¿Es una fok carta de verdad, abuelo? ¿Y tu último deseo es leernos todo eso? Seguro que te habrás corrido de gusto escribiéndola, pero me da que no voy a aguantar todo ese rollo en mi cabeza.  Yo lo veo así, matusalén. O tus rodillas no van a aguantar tanto rato en el suelo y vas a pedirme un descanso, con lo que te pegaré un tiro y se habrá acabado toda esta mierda, o vas a tener los huevos de querer leernos todo el taco, con lo que vas a ponerme la cabeza como un globo y terminarás obligándome a pegarte un tiro para acabar esta mierda. Lo pillas, ¿no? Aunque me crille joderle a un fósil como tú, todo esto nos lleva a que te pegue un tiro para acabar con esta mierda. Así que aprovecha tu último momento de gloria.

Roi escupió el filtro quemado del two-shots por encima de su barba blanca y movió las flemas de su garganta tosiendo entre gárgaras.

—Es un asco hacerse viejo ¿eh? Dale, abuelo, que no tenemos todo el día.

—Pero lo que  yo quiero es que esta carta…

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