Libro primero — El día más largo

logicapsula 3.2

Avanzo camuflándome entre las sombras más oscuras de las calles del B-3, refugiándome bajo los porches para evitar el constante goteo que cae del techo de cemento que cubre todo el sector. Recuerdo con melancolía cómo de pequeños, mi amigo Marc y yo, nos pasábamos horas mirando hacia arriba con la boca abierta para cazar esas gotas. Entonces no sabíamos que eran auténtica mierda líquida; humo, aliento y sudor que sube en una constante nube de vapor desde los sectores de la cloaka, para condensarse bajo el suelo de Madrid-superior y bajar sobre la gente como un frío líquido más turbio que el bolsillo de un político. Todo en un ciclo eterno que acumula cada vez más inmundicia.

Me sorprendo a mí mismo al interrumpir mis pensamientos agradeciendo que lleve puesta mi exclusiva máscara Gargland, que me separa del oxígeno viciado y del olor agrio que lo envuelve todo. Los comentarios de la gente me llevan hasta el límite con el sector B-4, donde escucho su nombre por primera vez. La guerra de bandas, que sobrepasa con mucho la capacidad de la policía, tiene su origen en una niña de nueve años llamada Isha. Suspiro irritado y repito entre susurros “una niña de nueve años”. Me dicen que la vieron salir hace días del sector B-3,

con dos amigos suyos en dirección al sector B-4, y que regresó sola con algo que todas las bandas quieren hacer suyo porque alguien paga muy bien por ello.

Mi memoria me asalta al pensar en el B-4; todo un sector con funciones de vertedero, conocido como el rincón de la oportunidad, donde las familias trabajadoras de la Cloaka, como lo fue la mía, queman sus vidas en busca de tesoros que reciclar y vender. Algo le ocurrió a Isha allá. Varios niños de la calle repiten que regresó sin sus amigos y que llegó a casa sin darse cuenta de que los P. Mouth iban tras ella. Levanto la mirada por encima de los críos que me rodean y me enciendo un Two-shots para pensar. Primer tiro: Los P. Mouth son una banda que matan a cualquiera sólo por diversión. Si la niña regresó sola, puedo imaginarme qué ocurrió con sus amigos. Segundo tiro: Esa gente acepta todo tipo de encargos si el pago es con comaína. Si esa banda la persigue, la cría no va a tener ninguna oportunidad de salir viva de ésta. Aplasto el Two-shots con la fuerza que usaría para pisar el cuello de esos P. Mouth, si me atreviera, claro. Nunca se me ha dado bien ir de héroe, pero sí seguir un rastro con el que crear una buena crónica.

Avanzo camuflándome entre las sombras más oscuras de las calles del B-3, refugiándome bajo los porches para evitar el constante goteo que cae del techo de cemento que cubre todo el sector.

Recuerdo con melancolía cómo de pequeños, mi amigo Marc y yo, nos pasábamos horas mirando hacia arriba con la boca abierta para cazar esas gotas. Entonces no sabíamos que eran auténtica mierda líquida; humo, aliento y sudor que sube en una constante nube de vapor desde los sectores de la cloaka, para condensarse bajo el suelo de Madrid-superior y bajar sobre la gente como un frío líquido más turbio que el bolsillo de un político. Todo en un ciclo eterno que acumula cada vez más inmundicia.

Me sorprendo a mí mismo al interrumpir mis pensamientos agradeciendo que lleve puesta mi exclusiva máscara Gargland, que me separa del oxígeno viciado y del olor agrio que lo envuelve todo. 

Los comentarios de la gente me llevan hasta el límite con el sector B-4, donde escucho su nombre por primera vez. La guerra de bandas, que sobrepasa con mucho la capacidad de la policía, tiene su origen en una niña de nueve años llamada Isha. Suspiro irritado y repito entre susurros “una chiquilla de nueve años”.

Me dicen que esa niña salió hace días del sector B-3, con dos amigos suyos en dirección al sector B-4, y que regresó sola con algo que todas las bandas quieren hacer suyo porque alguien paga muy bien por ello.

Mi memoria me asalta al pensar en el B-4; todo un sector con funciones de vertedero, conocido como el rincón de la oportunidad, donde las familias trabajadoras de la Cloaka, como lo fue la mía, queman sus vidas en busca de tesoros que reciclar y vender. Algo le ocurrió a Isha allá.

Varios niños de la calle repiten que regresó sin sus amigos y que llegó a casa sin darse cuenta de que los P. Mouth iban tras ella. Levanto la mirada por encima de los críos que me rodean y me enciendo un Two-shots para pensar.

Primer tiro: Los P. Mouth son una banda que matan a cualquiera sólo por diversión. Si la niña regresó sola, puedo imaginarme qué ocurrió con sus amigos. Segundo tiro: Esa gente acepta todo tipo de encargos si el pago es con comaína. Si esa banda la persigue, la cría no va a tener ninguna oportunidad de salir viva de ésta.

Aplasto el Two-shots con la fuerza que usaría para pisar el cuello de esos P. Mouth, si me atreviera, claro. Nunca se me ha dado bien ir de héroe, pero sí seguir un rastro con el que crear una buena crónica.

El día más largo — Parte 01 | 2 de 2

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