La macroautopista M-80

logicapsula 2

«Si los pobres empiezan a razonar, todo está perdido» (Voltaire)

El día en que la directiva de Bonkia decidió participar en la construcción de la macro-autopista de alta altura M-80, la gente no sabía el alcance del proyecto, ni social, ni económicamente. El plan consistía en construir una autopista con el fin de liberar el tráfico de la ciudad, usando el diseño de la de Los Ángeles, según dijeron una y otra vez en los medios. Lanzaron una campaña de sensibilización e información a los ciudadanos, prometiendo puestos de trabajo y mejores servicios para ayudar a la ciudad. Se abría un universo de nuevas posibilidades, como ocurrió con el Gran Casino Mundial de Sevilla. Durante años ondearon banderas de España sobre grúas y edificios en torno a toda la M-80. Todo el mundo tenía trabajo, incluso vinieron legiones de inmigrantes para trabajar como peones; africanos, haitianos, sudafricanos, rusos… todo el mundo tenía sitio, todo el mundo tenía trabajo. El sentimiento patriótico se ensalzó con publicidad anunciando los logros de la construcción española, en colaboración con empresas chinas, árabes y rusas. Anuncios de familias de niños rubios y casas recién pintadas inundaron los medios. Era el sueño español, que se vendía con anuncios de nuevos aros de autopistas que llevarían a otras zonas llenas de miles de micro-chalets adosados; aire limpio, jardines, y la posibilidad de una nueva vida con un futuro lleno de posibilidades. ¿Demasiado bonito para ser cierto? Todo el mundo quiso creerlo.

Cuando se filtraron en la red los planos completos de todo el macro proyecto, se pudo observar que lo que pretendían realmente era crear una nueva ciudad usando la vieja como cimientos. No hacía falta ser arquitecto para verlo. Se levantaron los pilares, se construyeron los nuevos edificios sobre ellos, y la gente que lo hacía posible con el sudor de su frente se encogió de hombros. Había trabajo. Había futuro. Creían que el sueño aún era posible si se trabajaba con la suficiente fuerza.

Inauguraron la primera fase de la M-80. Políticos, millonarios, famosos, y toda la élite social se fue trasladando poco a poco, seguido de bancos, empresas, hospitales, universidades, hipermercados… Imagina la cara del español medio, desde obreros, a pequeños inversores, empresarios, etc., cuando anunciaron que finalmente no harían la segunda fase del proyecto por falta de inversión. Lo de arriba empezó a funcionar muy bien, y lo de abajo fue funcionando cada vez peor. El descontento social se plasmó en un aumento de la tasa de suicidios, disturbios, robos y crímenes. Ese futuro dibujado por el sueño español fue disipándose en la mente de la gente que quiso creer en él, dejando paso a una realidad bien distinta. Una realidad diseñada por aquellos a los que les iba muy bien allá arriba, en Madrid-superior.

Los accesos a la parte superior se fortificaron y abajo quedó incomunicada “La cloaka”. Conforme en Madrid-superior se fueron ocupando los nuevos barrios, la cloaka se fracturó en sectores. En el B-1 quedaron los brokers, tipsters, graders… toda esa gente que mueve hoy el geld de los ricos para que tengan cada vez más. En el sector B-2 quedaron los idiotas que se dejan la espalda reparando tramos de la M-80 para ganarse un mísero retiro, que no les alcanza ni para comprarse una comida diaria. Y en los sectores B-3, B-4 y B-5 quedaron los que nadie quiere ver, los que reciclan la mierda de los de arriba para ganarse algo con lo que sobrevivir.

Desde el día de la inauguración de la M-80 nada volvió a ser igual.  Fue como coger un folio en blanco, estrujarlo y luego pretender que no queden marcas al estirarlo. Jamás volverá a su forma original. Pero una cosa es cierta: seguirá estando en blanco, y aquí hay muchas historias para escribir en él.

<Nota de Zoro> la asepsia del mundo que han inventado para ti, es realmente la inmundicia que forma la costra que necesitas romper para ser libre.

El día en que la directiva de Bonkia decidió participar en la construcción de la macro-autopista de alta altura M-80, la gente no sabía el alcance del proyecto, ni social, ni económicamente. El plan consistía en construir una autopista con el fin de liberar el tráfico de la ciudad, usando el diseño de la de Los Ángeles, según dijeron una y otra vez en los medios.

Lanzaron una campaña de sensibilización e información a los ciudadanos, prometiendo puestos de trabajo y mejores servicios para ayudar a la ciudad. Se abría un universo de nuevas posibilidades, como ocurrió con el Gran Casino Mundial de Sevilla. Durante años ondearon banderas de España sobre grúas y edificios en torno a toda la M-80.

Todo el mundo tenía trabajo, incluso vinieron legiones de inmigrantes para trabajar como peones; africanos, haitianos, sudafricanos, rusos… todo el mundo tenía sitio, todo el mundo tenía trabajo. El sentimiento patriótico se ensalzó con publicidad anunciando los logros de la construcción española, en colaboración con empresas chinas, árabes y rusas.

Anuncios de familias de niños rubios y casas recién pintadas inundaron los medios. Era el sueño español, que se vendía con anuncios de nuevos aros de autopistas que llevarían a otras zonas llenas de miles de micro-chalets adosados; aire limpio, jardines, y la posibilidad de una nueva vida con un futuro lleno de posibilidades. ¿Demasiado bonito para ser cierto? Todo el mundo quiso creerlo.

Cuando se filtraron en la red los planos completos de todo el macro proyecto, se pudo observar que lo que pretendían realmente era crear una nueva ciudad usando la vieja como cimientos. No hacía falta ser arquitecto para verlo.

Se levantaron los pilares, se construyeron los nuevos edificios sobre ellos, y la gente que lo hacía posible con el sudor de su frente se encogió de hombros. Había trabajo. Había futuro. Creían que el sueño aún era posible si se trabajaba con la suficiente fuerza.

Inauguraron la primera fase de la M-80. Políticos, millonarios, famosos, y toda la élite social se fue trasladando poco a poco, seguido de bancos, empresas, hospitales, universidades, hipermercados…

Imagina la cara del español medio, desde obreros, a pequeños inversores, empresarios, etc., cuando anunciaron que finalmente no harían la segunda fase del proyecto por falta de inversión.

Lo de arriba empezó a funcionar muy bien, y lo de abajo fue funcionando cada vez peor. El descontento social se plasmó en un aumento de la tasa de suicidios, disturbios, robos y crímenes.

Ese futuro dibujado por el sueño español fue disipándose en la mente de la gente que quiso creer en él, dejando paso a una realidad bien distinta. Una realidad diseñada por aquellos a los que les iba muy bien allá arriba, en Madrid-superior.

Los accesos a la parte superior se fortificaron y abajo quedó incomunicada “La cloaka”. Conforme en Madrid-superior se fueron ocupando los nuevos barrios, la cloaka se fracturó en sectores.

En el B-1 quedaron los brokers, tipsters, graders… toda esa gente que mueve hoy el geld de los ricos para que tengan cada vez más. En el sector B-2 quedaron los idiotas que se dejan la espalda reparando tramos de la M-80 para ganarse un mísero retiro, que no les alcanza ni para comprarse una comida diaria. Y en los sectores B-3, B-4 y B-5 quedaron los que nadie quiere ver, los que reciclan la mierda de los de arriba para ganarse algo con lo que sobrevivir.

Desde el día de la inauguración de la M-80 nada volvió a ser igual.  Fue como coger un folio en blanco, estrujarlo y luego pretender que no queden marcas al estirarlo. Jamás volverá a su forma original. Pero una cosa es cierta: seguirá estando en blanco, y aquí hay muchas historias para escribir en él.

<Nota de Zoro> la asepsia del mundo que han inventado para ti, es realmente la inmundicia que forma la costra que necesitas romper para ser libre.

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