Libro primero — El día más largo

logicapsula 3.1

«Bendito sea el caos, porque es síntoma de libertad» (Enrique Tierno Galván)

Todo comenzó el día en el que mis convicciones se esfumaron ante mí como los falsos amigos, dejándome desnudo ante una realidad de la que siempre había intentado escapar. Todos los propósitos de mi vida se convirtieron en humo, y tras ellos apareció una antigua idea que estaba en mi pensamiento desde hacía mucho tiempo, escondida como un diminuto tumor a la espera de su momento para hincharse como un balón de fútbol. Ese día la idea se transformó en un comando y se cargó en mi cerebro para configurar mi destino. Así se desvaneció el futuro que había diseñado para mí, y fui poseído en cuerpo y alma por el caos, convirtiéndome en su profeta.

Verás, aquel día yo soy un esnob con la ambición de ser uno de los cibercronistas más famosos de Madrid-Superior. A las siete de la mañana estoy en la rave del túnel 84, puesto de metabetas hasta las orejas y bailando con las virgos que DjTrann proyecta desde su pila. Un chivatazo de uno de mis sayters me saca de la rave, y me pone sobre la pista de nada menos que el origen de la guerra de bandas que en unos días ha llenado de cadáveres la Cloaka entera,

castigando sobretodo al sector B-3. Mis convicciones, maquilladas y calientes como dos  serpenteantes bailarinas del Black Rose, me hacen fantasear con los aplausos por conseguir la crónica que todos buscan. Me imagino en el interior de uno de esos lujosos box de Madrid-superior, esnifando comaína pura y acostándome con cinco pop-star en una cama gigante de sábanas de seda. Pero me crillo y la fantasía se desvanece con un golpe de recuerdos que estalla dentro de mi cabeza en cuanto llego al acceso del sector B-3.

Fue mucho el tiempo que invertí trepando sobre las chepas de los trajeados para huir de ese sector, que me comió las entrañas durante toda mi infancia. Me marché siendo adolescente jurando no regresar jamás, hasta encontrar un hueco en el que vivir durante años en la parte alta del sector B-1, acariciando las mieles de una vida de lujo en Madrid-superior. Pero encontrarme de nuevo caminando por las calles en las que mis padres se quedaron hasta morir con mil tumores en sus cuerpos, por reciclar los desechos de los de allá arriba, hace que se esfume en mi mente cualquier fantasía.

Todo comenzó el día en el que mis convicciones se esfumaron ante mí como los falsos amigos, dejándome desnudo ante una realidad de la que siempre había intentado escapar. Todos los propósitos de mi vida se convirtieron en humo, y tras ellos apareció una antigua idea que estaba en mi pensamiento desde hacía mucho tiempo, escondida como un diminuto tumor a la espera de su momento para hincharse como un balón de fútbol.

Ese día la idea se transformó en un comando y se cargó en mi cerebro para configurar mi destino. Así se desvaneció el futuro que había diseñado para mí, y fui poseído en cuerpo y alma por el caos, convirtiéndome en su profeta.

Verás, aquel día yo soy un esnob con la ambición de ser uno de los cibercronistas más famosos de Madrid-Superior. A las siete de la mañana estoy en la rave del túnel 84, puesto de metabetas hasta las orejas y bailando con las virgos que Djtrann proyecta desde su pila.

Un chivatazo de uno de mis sayters me saca de la rave, y me pone sobre la pista de nada menos que el origen de la guerra de bandas que en unos días ha llenado de cadáveres la Cloaka entera, castigando sobretodo al sector B-3. Mis convicciones, maquilladas y calientes como dos  serpenteantes bailarinas del Black Rose, me hacen fantasear con los aplausos por conseguir la crónica que todos buscan.

Me imagino en el interior de uno de esos lujosos box de Madrid-superior, esnifando comaína pura y acostándome con cinco pop-star en una cama gigante de sábanas de seda. Pero me crillo y la fantasía se desvanece con un golpe de recuerdos que estalla dentro de mi cabeza en cuanto llego al acceso del sector B-3.

Fue mucho el tiempo que invertí trepando sobre las chepas de los trajeados para huir de ese sector, que me comió las entrañas durante toda mi infancia. Me marché siendo adolescente jurando no regresar jamás, hasta encontrar un hueco en el que vivir durante años en la parte alta del sector B-1, acariciando las mieles de una vida de lujo en Madrid-superior.

Pero encontrarme de nuevo caminando por las calles en las que mis padres se quedaron hasta morir con mil tumores en sus cuerpos, por reciclar los desechos de los de allá arriba, hace que se esfume en mi mente cualquier fantasía.

El día más largo — Parte 01 | 1 de 2

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