Libro primero — El día más largo

logicapsula 17.2

Wicca me cuenta que Isha ya ha atravesado la frontera pasando por el túnel subterráneo que conecta su cubículo con el desierto exterior. Aunque quiero salir inmediatamente, me convence su oferta de repararme la  burodema mientras disfruto de una ensalada con productos de sus huertos. Conforme la devoro, Wicca me enseña las piezas que repara y cuando termina me la devuelve confesándome que es un regalo de parte de Spyral. Me extraña comprobar que el dron no está en su puerto, y al preguntar por él me contesta que ésa es la segunda parte del regalo de Spyral, y que la recibiré en algún momento cuando me encuentre en el desierto. Eso hace que le pida que me lleve al túnel, no sin antes aceptar su oferta de llenar los bolsillos de mi gabardina con pequeñas hamburguesas de tofu a la salsa de miso, perfectamente envueltas en gruesas bolsas de papel.

Atravieso el túnel de paredes de metal comprendiendo que el negocio de Wicca es el tráfico de ciudadanos. Le delatan las impresoras de gene-chips que hay en su cubículo y el propio túnel. Tenerla como aliada me da las fuerzas suficientes para enfrentarme a lo que el desierto me tenga preparado, porque sé que siempre tendré un punto de partida al que regresar. Después de quitar el anulador de mi cuello, Wicca me desea buena suerte y abre la compuerta que lleva a una gruesa escalerilla de metal. Subo los peldaños y salgo del túnel por una escotilla. Camino unos minutos  para alejarme del muro de la frontera y disfrutar del paisaje; los últimos rayos del atardecer rebotan en las pocas nubes del cielo e iluminan las pequeñas dunas de arena que hay frente a mi.

[𝞹]> Esto sí es un dron. <[𝞹]

[𝞹]> Lo que tú tenías era una tortuga con hélices. <[𝞹]

[𝞹]> He grabado a Isha y Vektor. Necesitas verlo, Zoro. <[𝞹]

Miro alrededor y sonrío al ver un pequeño dron acercarse a mí a gran velocidad. Dejo que se pose en mi mano y lo admiro durante unos segundos para colocarlo después en el puerto de mi burodema y descargar la grabación. Veo al fondo de la imagen a Isha caminar por el desierto agarrada de la mano de un enorme conejo. Sonrío al acordarme del conejo de peluche que he visto antes entre la basura, pero enseguida me preocupo al ver  entrar en escena la silueta de una moto-oruga de la que se baja un personaje que reconozco de inmediato. Sin duda es Urko Mugarra, conocido bajo el alias de “Tartalo”. Le delata su característica máscara al mirar indiferente a la cámara del dron.

—Spyral, Isha está en peligro. Ése es Tartalo. Si quien está detrás de Vektor lo ha contratado, terminará dándoles caza, seguro.

[𝞹]> En el desierto sólo tengo cobertura en puntos clave. <[𝞹]

[𝞹]> A partir de aquí estás solo, Zoro. <[𝞹]

[𝞹]> Volveré a ponerme en contacto contigo cuando pueda. <[𝞹]

Ése es el momento en que me convenzo de que tener a Spyral como aliado es un acierto, por mucho que me crille  que tenga acceso a todos mis datos. Y me encuentro imaginándome cómo será si logro conocerle en persona.

Suspiro al saber que mi nueva vida me lleva a recopilar info sobre Isha y Vektor, sin saber a dónde me llevará eso. Me siento un hombre nuevo que en un solo día, el más largo de su vida, ha abandonado sus falsos deseos para aceptar que el caos es la constante en su vida. Porque realmente, a parte de la muerte, no existe nada más seguro en esta existencia que la incertidumbre sobre la que se sostiene cualquier orden establecido.

Wicca me cuenta que Isha ya ha atravesado la frontera pasando por el túnel subterráneo que conecta su cubículo con el desierto exterior. Aunque quiero salir inmediatamente, me convence su oferta de repararme la  burodema mientras disfruto de una ensalada con productos de sus huertos.

Conforme la devoro, Wicca me enseña las piezas que repara y cuando termina me la devuelve confesándome que es un regalo de parte de Spyral. Me extraña comprobar que el dron no está en su puerto, y al preguntar por él me contesta que ésa es la segunda parte del regalo de Spyral, y que la recibiré en algún momento cuando me encuentre en el desierto.

Eso hace que le pida que me lleve al túnel, no sin antes aceptar su oferta de llenar los bolsillos de mi gabardina con pequeñas hamburguesas de tofu a la salsa de miso, perfectamente envueltas en gruesas bolsas de papel.

Atravieso el túnel de paredes de metal comprendiendo que el negocio de Wicca es el tráfico de ciudadanos. Le delatan las impresoras de gene-chips que hay en su cubículo y el propio túnel. Tenerla como aliada me da las fuerzas suficientes para enfrentarme a lo que el desierto me tenga preparado, porque sé que siempre tendré un punto de partida al que regresar.

Después de quitar el anulador de mi cuello, Wicca me desea buena suerte y abre la compuerta que lleva a una gruesa escalerilla de metal. Subo los peldaños y salgo del túnel por una escotilla. Camino unos minutos  para alejarme del muro de la frontera y disfrutar del paisaje; los últimos rayos del atardecer rebotan en las pocas nubes del cielo e iluminan las pequeñas dunas de arena que hay frente a mi.

[𝞹]> Esto sí es un dron. <[𝞹]

[𝞹]> Lo que tú tenías era una tortuga con hélices. <[𝞹]

[𝞹]> He grabado a Isha y Vektor. Necesitas verlo, Zoro. <[𝞹]

Miro alrededor y sonrío al ver un pequeño dron acercarse a mí a gran velocidad. Dejo que se pose en mi mano y lo admiro durante unos segundos para colocarlo después en el puerto de mi burodema y descargar la grabación. Veo al fondo de la imagen a Isha caminar por el desierto agarrada de la mano de un enorme conejo.

Sonrío al acordarme del conejo de peluche que he visto antes entre la basura, pero enseguida me preocupo al ver  entrar en escena la silueta de una moto-oruga de la que se baja un personaje que reconozco de inmediato. Sin duda es Urko Mugarra, conocido bajo el alias de “Tartalo”. Le delata su característica máscara al mirar indiferente a la cámara del dron.

—Spyral, Isha está en peligro. Ése es Tartalo. Si quien está detrás de Vektor lo ha contratado, terminará dándoles caza, seguro.

[𝞹]> En el desierto sólo tengo cobertura en puntos clave. <[𝞹]

[𝞹]> A partir de aquí estás solo, Zoro. <[𝞹]

[𝞹]> Volveré a ponerme en contacto contigo cuando pueda. <[𝞹]

Ése es el momento en que me convenzo de que tener a Spyral como aliado es un acierto, por mucho que me crille  que tenga acceso a todos mis datos. Y me encuentro imaginándome cómo será si logro conocerle en persona.

Suspiro al saber que mi nueva vida me lleva a recopilar info sobre Isha y Vektor, sin saber a dónde me llevará eso. Me siento un hombre nuevo que en un solo día, el más largo de su vida, ha abandonado sus falsos deseos para aceptar que el caos es la constante en su vida. Porque realmente, a parte de la muerte, no existe nada más seguro en esta existencia que la incertidumbre sobre la que se sostiene cualquier orden establecido.

El día más largo — Parte 15 | 2 de 2

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