Libro primero — El día más largo

logicapsula 17.1

Reanudo la marcha y al cabo de diez minutos el escenario cambia por completo ante mis ojos. La arena del desierto se pierde en el horizonte bajo la luz del atardecer hasta el enorme muro de la frontera.

Frente a mí, sobre un montículo de arena, hay clavada una afilada roca que recuerda a un menhir. Me convenzo de que ése debe ser el punto al que Vektor ha llevado a Isha y me acerco hasta que la voz de una joven me detiene.

—¡Un paso más y te partimos las piernas!

Estoy seguro de que la voz sale de la roca, pero no veo a nadie a mi alrededor.

—¡Dinos quién eres y quién te envía!

—¡¿Y quién lo pregunta?! —No obtengo respuesta, sólo el aliento caliente de la tarde soplando en mis oídos—. Fok, está bien. Soy Zoro —Miro a mi alrededor sin ver absolutamente a nadie—. Busco a Wicca, me envía Spyral, y estoy detrás de alguien que es muy importante para mí. Necesito…

Dejo de hablar en el momento en que dos enormes androides aparecen de la nada delante de la roca caminando hacia mí. Uno de ellos me señala con el dedo índice de su enorme mano de hierro.

—¡Déjanos ticar tu gene-chip y sabremos que no nos mientes! —la voz de la joven sale del robot que continúa apuntándome.

Sin pensármelo bajo la cabeza dejando al descubierto mi nuca. Jamás me ha gustado llevar el gene-chip, pero sin él la policía te caza como una alimaña, te coloca una orden de destierro y te echa a patadas de la ciudad.

—Así que de verdad eres Zoro —Levanto la mirada y me encojo de hombros—. He visto algunos de tus vídeos, pero eres mejor con las emonews. Una vez estuve a punto de hacerme leal tuya, pero me decepcionaste con aquel reportaje sobre las grandezas de aquel barrio nuevo de la zona superior. ¿Cuál era? ¿Bonkia, Nuevo Salamanca?

—¿Eres Wicca? —Interrumpo más por ego que por prisa—. Necesito ver a Isha, ¿está contigo?

—Aquí las preguntas las hago yo —El otro robot gigante me acerca un anulador—. Colócatelo.

—¿Un anulador? No es necesario, yo…

—Si quieres que te dé la oportunidad de cruzar la frontera sin ser visto para seguir el rastro de la niña, póntelo. No voy a insistir otra vez —Cojo el anulador y me lo coloco en el cuello sin pensármelo.

—Bien, te lo quitaré a la salida si te portas bien. Sigue a Bit y Bot.

Camino tras los robots y me detengo en el momento en que desaparecen de mi vista, pero vuelvo a andar al comprender que lo que hay delante de mi es un holograma. Al entrar veo que los dos robots enormes se quedan haciendo guardia alrededor de una escotilla metálica que sobresale de la arena, y que al abrirse deja sitio a un montacargas. Bajo durante unos largos segundos y al abrirse las compuertas me encuentro con una joven asiática que se presenta como Wicca. Mientras me da la bienvenida con una enorme sonrisa me  enseña los cien metros cuadrados que conforman su cubículo. Me sorprendo al ver unos huertos verticales que cuelgan de la zona central del techo hasta el suelo. La saliva explota en mi boca al ver unos jugosos tomates brillar bajo la luz de unos pequeños focos de luz ultravioleta.

Reanudo la marcha y al cabo de diez minutos el escenario cambia por completo ante mis ojos. La arena del desierto se pierde en el horizonte bajo la luz del atardecer hasta el enorme muro de la frontera. Frente a mí, sobre un montículo de arena, hay clavada una afilada roca que recuerda a un menhir. Me convenzo de que ése debe ser el punto al que Vektor ha llevado a Isha y me acerco hasta que la voz de una joven me detiene.

—¡Un paso más y te partimos las piernas!

Estoy seguro de que la voz sale de la roca, pero no veo a nadie a mi alrededor.

—¡Dinos quién eres y quién te envía!

—¡¿Y quién lo pregunta?! —No obtengo respuesta, sólo el aliento caliente de la tarde soplando en mis oídos—. Fok, está bien. Soy Zoro —Miro a mi alrededor sin ver absolutamente a nadie—. Busco a Wicca, me envía Spyral, y estoy detrás de alguien que es muy importante para mí. Necesito…

Dejo de hablar en el momento en que dos enormes androides aparecen de la nada delante de la roca caminando hacia mí. Uno de ellos me señala con el dedo índice de su enorme mano de hierro.

—¡Déjanos ticar tu gene-chip y sabremos que no nos mientes! —la voz de la joven sale del robot que continúa apuntándome.

Sin pensármelo bajo la cabeza dejando al descubierto mi nuca. Jamás me ha gustado llevar el gene-chip, pero sin él la policía te caza como una alimaña, te coloca una orden de destierro y te echa a patadas de la ciudad.

—Así que de verdad eres Zoro —Levanto la mirada y me encojo de hombros—. He visto algunos de tus vídeos, pero eres mejor con las emonews. Una vez estuve a punto de hacerme leal tuya, pero me decepcionaste con aquel reportaje sobre las grandezas de aquel barrio nuevo de la zona superior. ¿Cuál era? ¿Bonkia, Nuevo Salamanca?

—¿Eres Wicca? —Interrumpo más por ego que por prisa—. Necesito ver a Isha, ¿está contigo?

—Aquí las preguntas las hago yo —El otro robot gigante me acerca un anulador—. Colócatelo.

—¿Un anulador? No es necesario, yo…

—Si quieres que te dé la oportunidad de cruzar la frontera sin ser visto para seguir el rastro de la niña, póntelo. No voy a insistir otra vez.

Cojo el anulador y me lo coloco en el cuello sin pensármelo.

—Bien, te lo quitaré a la salida si te portas bien. Sigue a Bit y Bot.

Camino tras los robots y me detengo en el momento en que desaparecen de mi vista, pero vuelvo a andar al comprender que lo que hay delante de mi es un holograma. Al entrar veo que los dos robots enormes se quedan haciendo guardia alrededor de una escotilla metálica que sobresale de la arena, y que al abrirse deja sitio a un montacargas.

Bajo durante unos largos segundos y al abrirse las compuertas me encuentro con una joven asiática que se presenta como Wicca. Mientras me da la bienvenida con una enorme sonrisa me  enseña los cien metros cuadrados que conforman su cubículo.

Me sorprendo al ver unos huertos verticales que cuelgan de la zona central del techo hasta el suelo. La saliva explota en mi boca al ver unos jugosos tomates brillar bajo la luz de unos pequeños focos de luz ultravioleta.

El día más largo — Parte 15 | 1 de 2

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