Libro primero — El día más largo

logicapsula 16.1

[𝞹]> Tres AV están llegando a vuestra posición. <[𝞹]

[𝞹]> Están equipadas con antenas PEM. <[𝞹]

[𝞹]> Salid por▒▒▒▒▒ <[𝞹]

—¡Mā de, los tenemos encima, nos han lanzado un PEM! —Pier se arranca el casco de la cabeza y echa a correr gritándome que le siga por el pasillo que divide en dos el taller.

Corro detrás de él mientras compruebo que mi burodema está frita. Abre una puerta dentro de uno de los despachos y me empuja para subir juntos unas viejas escaleras de madera que llevan a un pequeño salón con un gran sofá verde, pobremente iluminado por la luz de una ventana, situada en la pared de al lado.

—Bienvenido a mi casa, aunque sea por unos segundos —Pier abre una caja atornillada a la pared y baja con fuerza una gruesa palanca que hay dentro, lanzando a cada lado unos sospechosos chispazos que encienden dos hileras de pólvora pegadas a la pared—. Es mi propio sistema de autodestrucción —Sonríe mientras se acerca a la ventana—. Esto se va a reducir todo a cenizas, así que si quieres salir vivo de aquí sígueme y no te detengas por nada.

Sigo a Pier, bajando por la ventana, a un patio cubierto lleno de trastos. Lo atravesamos corriendo hasta otra ventana por la que trepamos. A pesar de los ininteligibles gritos de una vieja china, cruzamos aprisa su piso y salimos al pasillo de la planta para bajar las escaleras del fondo que dan a la calle, donde los edificios ocultan por completo el sol de la tarde. Ahí la gente se agolpa alrededor de una kilométrica hilera de hologramas y carteles de colores saturados con letras chinas, que compiten por anunciar la infinidad de tiendas que ocupan los porches de la avenida. Escuchamos una explosión y Pier me sonríe mientras corremos entre la gente hasta entrar en una de las tiendas. Escupe unas palabras en mandarín al dueño de la tienda, un pequeño chino de ojos saltones sentado frente a una pantalla dentro del  mostrador, que responde con un brusco movimiento de su cabeza de abajo a arriba.

Pier hace el gesto de ok con su mano y se vuelve hacia mí.

—Mi taller acaba de darnos el tiempo suficiente para que nos separemos sin levantar sospechas.

—¡Pier, necesito encontrar a Isha! Tengo que salir de aquí, ¡ayúdame! —Me pone muy nervioso ver que en la calle la gente murmulla escandalosamente mirando en dirección a la esquina desde la que el taller de Pier lanza una llamativa columna de humo negro.

—Suave, Gē, suave. Ya te estoy ayudando —Acerca su boca a mi oído derecho—. Mi taller, Zoro. Eso que ahora es humo y cenizas por haberte ayudado. Era mi vida, todo lo que tenía, sha gua.

—Perdona Pier —No tengo palabras para definir lo mal que me siento. Es la única persona que me está ayudando y le trato como si estuviera obligado a hacerlo. Si él quisiera podría largarse de aquí sin decirme ni una palabra y yo no podría reprochárselo—. Tienes razón. Te lo recompensaré. No sé cómo, pero lo haré.

—Claro que lo vas a hacer, . Me vas a pagar su valor wang a wang.

—Pero… —Le miro desconcertado tocando mi burodema haciéndole saber que no me funciona—. ¿Ahora?

—Me has dejado sin nada Zoro. ¿A ti qué te parece?

Pier me mira lanzando una sonrisa que no sé leer. Quiero salir corriendo para buscar a Isha, pero le necesito a él para hacerlo sin que las patrullas me vean. ¿Y me está diciendo que le pague ahora? Sólo puedo pensar en cuánto tiempo voy a necesitar para reactivar mi burodema, revisar los daños que tiene y preparar una transacción segura mientras el rastro de Isha y Vektor se enfría. Pero ni juntando todo lo que tengo voy a ser capaz de alcanzar el valor del taller con todo lo de dentro.

[𝞹]> Tres AV están llegando a vuestra posición. <[𝞹]

[𝞹]> Están equipadas con antenas PEM. <[𝞹]

[𝞹]> Salid por▒▒▒▒▒ <[𝞹]

—¡Mā de, los tenemos encima, nos han lanzado un PEM! —Pier se arranca el casco de la cabeza y echa a correr gritándome que le siga por el pasillo que divide en dos el taller.

Corro detrás de él mientras compruebo que mi burodema está frita. Abre una puerta dentro de uno de los despachos y me empuja para subir juntos unas viejas escaleras de madera que llevan a un pequeño salón con un gran sofá verde, pobremente iluminado por la luz de una ventana, situada en la pared de al lado.

—Bienvenido a mi casa, aunque sea por unos segundos —Pier abre una caja atornillada a la pared y baja con fuerza una gruesa palanca que hay dentro, lanzando a cada lado unos sospechosos chispazos que encienden dos hileras de pólvora pegadas a la pared—. Es mi propio sistema de autodestrucción —Sonríe mientras se acerca a la ventana—. Esto se va a reducir todo a cenizas, así que si quieres salir vivo de aquí sígueme y no te detengas por nada.

Sigo a Pier, bajando por la ventana, a un patio cubierto lleno de trastos. Lo atravesamos corriendo hasta otra ventana por la que trepamos. A pesar de los ininteligibles gritos de una vieja china, cruzamos aprisa su piso y salimos al pasillo de la planta para bajar las escaleras del fondo que dan a la calle, donde los edificios ocultan por completo el sol de la tarde.

Ahí la gente se agolpa alrededor de una kilométrica hilera de hologramas y carteles de colores saturados con letras chinas, que compiten por anunciar la infinidad de tiendas que ocupan los porches de la avenida. Escuchamos una explosión y Pier me sonríe mientras corremos entre la gente hasta entrar en una de las tiendas.

Escupe unas palabras en mandarín al dueño de la tienda, un pequeño chino de ojos saltones sentado frente a una pantalla dentro del  mostrador, que responde con un brusco movimiento de su cabeza de abajo a arriba. Pier hace el gesto de ok con su mano y se vuelve hacia mí.

—Mi taller acaba de darnos el tiempo suficiente para que nos separemos sin levantar sospechas.

—¡Pier, necesito encontrar a Isha! Tengo que salir de aquí, ¡ayúdame! —Me pone muy nervioso ver que en la calle la gente murmulla escandalosamente mirando en dirección a la esquina desde la que el taller de Pier lanza una llamativa columna de humo negro.

—Suave, Gē, suave. Ya te estoy ayudando —Acerca su boca a mi oído derecho—. Mi taller, Zoro. Eso que ahora es humo y cenizas por haberte ayudado. Era mi vida, todo lo que tenía, sha gua.

—Perdona Pier —No tengo palabras para definir lo mal que me siento. Es la única persona que me está ayudando y le trato como si estuviera obligado a hacerlo. Si él quisiera podría largarse de aquí sin decirme ni una palabra y yo no podría reprochárselo—. Tienes razón. Te lo recompensaré. No sé cómo, pero lo haré.

—Claro que lo vas a hacer, . Me vas a pagar su valor wang a wang.

—Pero… —Le miro desconcertado tocando mi burodema haciéndole saber que no me funciona—. ¿Ahora?

—Me has dejado sin nada Zoro. ¿A ti qué te parece?

Pier me mira lanzando una sonrisa que no sé leer. Quiero salir corriendo para buscar a Isha, pero le necesito a él para hacerlo sin que las patrullas me vean. ¿Y me está diciendo que le pague ahora? Sólo puedo pensar en cuánto tiempo voy a necesitar para reactivar mi burodema, revisar los daños que tiene y preparar una transacción segura mientras el rastro de Isha y Vektor se enfría. Pero ni juntando todo lo que tengo voy a ser capaz de alcanzar el valor del taller con todo lo de dentro.

El día más largo — Parte 14 | 1 de 2

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