Libro primero — El día más largo

logicapsula 15.2

Una extraña pieza circular sale volando de Vektor, que retira sus tentáculos bajo un manto de chispas azuladas. Pier asoma su cara debajo del casco y se enciende un pequeño puro para admirar su obra  apoyado en la mesa de trabajo. Totalmente satisfecho deja salir el humo por su nariz y me mira sonriendo.

—Tenía incrustado un mini generador de PEM activado en bucle  —Pier ríe socarronamente—. No sé dónde tiene su nodo central, pero el bicho ahora está descargando de ahí actualizaciones a cada una de sus piezas a una velocidad que se sale de cualquier registro conocido. Es un prodigio en toda regla, . Sólo por haberme traído esto ya me caes bien.

Una data encriptada de Spyral aparece en mi bandeja de entrada. Inmediatamente después una contraseña automática abre el archivo. Se trata de unas coordenadas de localización correspondientes a un punto de las afueras, justamente en la zona que hay entre el cráter de Leganés y el muro de la frontera.

—¿Qué es esto, Spyral? —Me revuelvo molesto sobre la silla.

[𝞹]> Introduce manualmente esa localización en Vektor. <[𝞹]

[𝞹]> Haced que os guíe. Es un punto de salida de Madrid al desierto. <[𝞹]

[𝞹]> Cuando lleguéis, preguntad por Wicca. Marchaos ya. <[𝞹]

Por unos segundos me quedo pensativo. Tiene mucho sentido salir de Madrid. En el desierto es imposible controlar a la gente. Quedarnos aquí es servirle a Isha y Vektor  en bandeja a quienes les siguen. Miro al robot y le doy vueltas al detalle de introducir manualmente las coordenadas. Seguro que Spyral puede enviar el archivo directamente a Vektor. Entonces ¿por qué no lo hace?

[𝞹]> Vektor acaba de conectarse a la red por MSC. <[𝞹]

[𝞹]> Ahora es como un árbol de Navidad encendido para los escáneres. <[𝞹]

[𝞹]> Introduce ya la localización en Vektor y largaos. <[𝞹]

Me acerco a Vektor al momento y le pido que me facilite una interfaz para introducir las coordenadas. Me veo en la situación de tener que explicarle qué son esas coordenadas y quién me las ha facilitado, pero no reacciona hasta que Isha le obliga a hacerlo. Inmediatamente me ofrece una pantalla circular del tamaño de mi mano. Reconozco en ella parte de la pantalla del portátil de Isha, y me impresiona comprobar que Vektor la ha convertido en una interfaz táctil. Mientras escribo las coordenadas le digo a Vektor que nos tiene que guiar allí inmediatamente, pero al introducir  la última cifra su reacción me toma por sorpresa. Con un repentino movimiento salta de la mesa de trabajo y cae sobre Isha, cubriéndola por completo con sus piezas a modo de traje.

—¡¿Isha?! —Es todo cuanto puedo decir antes de que Vektor desaparezca a la velocidad del rayo con Isha en su interior. Con un golpe seco atraviesa la pared externa del taller, dejando un enorme hueco en el hormigón.

—¡Mi taller, sha gua! —Pier grita dentro del casco mientras recoge un enorme saco cargado con diferentes herramientas—. ¡Salimos de aquí cagando leches, Zoro!

No puedo moverme. Me encuentro bloqueado al darme cuenta de lo estúpido que soy por creerme ser el protector de Isha. Ése es el papel de Vektor. Yo sólo soy los ojos que ven lo que Isha vive. Soy los oídos que escuchan todo cuanto tiene que ver con ella. Soy la voz que tiene que gritar a los cuatro vientos todo lo que ella hace.

Una extraña pieza circular sale volando de Vektor, que retira sus tentáculos bajo un manto de chispas azuladas. Pier asoma su cara debajo del casco y se enciende un pequeño puro para admirar su obra  apoyado en la mesa de trabajo. Totalmente satisfecho deja salir el humo por su nariz y me mira sonriendo.

—Tenía incrustado un mini generador de PEM activado en bucle  —Pier ríe socarronamente—. No sé dónde tiene su nodo central, pero el bicho ahora está descargando de ahí actualizaciones a cada una de sus piezas a una velocidad que se sale de cualquier registro conocido. Es un prodigio en toda regla, . Sólo por haberme traído esto ya me caes bien.

Una data encriptada de Spyral aparece en mi bandeja de entrada. Inmediatamente después una contraseña automática abre el archivo. Se trata de unas coordenadas de localización correspondientes a un punto de las afueras, justamente en la zona que hay entre el cráter de Leganés y el muro de la frontera.

—¿Qué es esto, Spyral? —Me revuelvo molesto sobre la silla.

[𝞹]> Introduce manualmente esa localización en Vektor. <[𝞹]

[𝞹]> Haced que os guíe. Es un punto de salida de Madrid al desierto. <[𝞹]

[𝞹]> Cuando lleguéis, preguntad por Wicca. Marchaos ya. <[𝞹]

Por unos segundos me quedo pensativo. Tiene mucho sentido salir de Madrid. En el desierto es imposible controlar a la gente. Quedarnos aquí es servirle a Isha y Vektor  en bandeja a quienes les siguen. Miro al robot y le doy vueltas al detalle de introducir manualmente las coordenadas. Seguro que Spyral puede enviar el archivo directamente a Vektor. Entonces ¿por qué no lo hace?

[𝞹]> Vektor acaba de conectarse a la red por MSC. <[𝞹]

[𝞹]> Ahora es como un árbol de Navidad encendido para los escáneres. <[𝞹]

[𝞹]> Introduce ya la localización en Vektor y largaos. <[𝞹]

Me acerco a Vektor al momento y le pido que me facilite una interfaz para introducir las coordenadas. Me veo en la situación de tener que explicarle qué son esas coordenadas y quién me las ha facilitado, pero no reacciona hasta que Isha le obliga a hacerlo. Inmediatamente me ofrece una pantalla circular del tamaño de mi mano. Reconozco en ella parte de la pantalla del portátil de Isha, y me impresiona comprobar que Vektor la ha convertido en una interfaz táctil.

Mientras escribo las coordenadas le digo a Vektor que nos tiene que guiar allí inmediatamente, pero al introducir  la última cifra su reacción me toma por sorpresa. Con un repentino movimiento salta de la mesa de trabajo y cae sobre Isha, cubriéndola por completo con sus piezas a modo de traje.

—¡¿Isha?! —Es todo cuanto puedo decir antes de que Vektor desaparezca a la velocidad del rayo con Isha en su interior. Con un golpe seco atraviesa la pared externa del taller, dejando un enorme hueco en el hormigón.

—¡Mi taller, sha gua! —Pier grita dentro del casco mientras recoge un enorme saco cargado con diferentes herramientas—. ¡Salimos de aquí cagando leches, Zoro!

No puedo moverme. Me encuentro bloqueado al darme cuenta de lo estúpido que soy por creerme ser el protector de Isha. Ése es el papel de Vektor. Yo sólo soy los ojos que ven lo que Isha vive. Soy los oídos que escuchan todo cuanto tiene que ver con ella. Soy la voz que tiene que gritar a los cuatro vientos todo lo que ella hace.

El día más largo — Parte 13 | 2 de 2

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