Libro primero — El día más largo

logicapsula 15.1

[𝞹]> No disponéis de tiempo. <[𝞹]

[𝞹]> Dos satélites se han activado lanzando escáneres sobre la Cloaka. <[𝞹]

[𝞹]> Las patrullas aumentan. <[𝞹]

—El tiempo es el tiempo, Spyral. Yo no puedo hacer esto más deprisa —Pier usa un dron de mantenimiento sobre Vektor negando varias veces con la cabeza oculta bajo el casco—. Avísanos si hay patrullas cercando nuestra posición.

—¿No te crilla que Spyral acceda tan fácil a tu burodema? —Aplasto el cigarro irritado—. Sé que me está ayudando con todo esto, pero me siento un juguete en sus manos.

—Porque lo eres —Pier se encoge de hombros—. ¿Y qué más da? Los de Madrid-superior nos tienen controlados con sus cámaras, los drones, los escáneres ocultos, los troyanos en todas las burodemas y mil gadchets más. Spyral es la única fuerza de la Cloaka que puede hacer frente a esos sha gua de ahí arriba. Por mí, como si graba cada segundo de mi vida. Por lo menos lo hace alguien que no me ve como un núlì.

Cojo un kit de primeros auxilios para curarme la herida superficial del hombro derecho. Permanezco en silencio recordando mis años de evitar precisamente el control de Madrid-superior sobre mis datos. Sé que los más importantes han estado intactos, pero supongo que Spyral ha entrado hasta el último rincón de mi burodema, y eso me enerva de tal forma que acabo mordiéndome los labios.

Isha me mira sin mover un músculo de su cara. Parece saber qué estoy pensando, e intento interrumpirle sin conseguirlo fingiendo un quejido al limpiarme la herida. No soy capaz de aguantar su mirada y dejo que mis ojos se pierdan en la última

noticia del canal del ayuntamiento, que presenta la adquisición de los nuevos Oracle, unas enormes máquinas de matar para vigilar la frontera de Madrid desde el desierto. Suspiro pensando las veces que esos bichos han de entrar en la Cloaka para terminar disturbios de raíz con la excusa de que la policía se ve superada.

—¿Queréis comer algo? La pequeña tiene cara de necesitarlo —Mientras Pier usa varios artilugios sobre Vektor, asalto un pequeño frigorífico que hay al lado de la mesa de trabajo y preparo algo improvisado a Isha, que después de negarse un par de veces termina devorando tres sándwiches, tres zumos pequeños y un batido de chocolate. Hasta ese momento no he caído en un detalle como ése, ni siquiera cuando hemos estado en el Black Rose. Me enciendo otro Two-shots y miro a la pequeña recriminándome a mí mismo que no haya tenido la delicadeza de preocuparme antes de esas cosas. En vez de eso, cuando hemos tenido un rato de descanso, he abandonado a Isha y me he olvidado de ella, de todo el mundo. Me he puesto hasta arriba de lo que he podido y casi dejo a la pequeña sin la única persona que puede ayudarle. Cómo me odio en ese momento.

—¡Zhang, ! ¡Esto es niubi! —Pier patalea entusiasmado—. ¡El ensamblaje de Vektor es la hostia! ¡Está hecho de piezas nanométricas con su propia I.A.! —Miro a Isha con una mueca de duda, pero ni se inmuta. Disfruta una manzana a enormes bocados—. ¡Es como una colmena de celdas con identidad individual! ¡Es una fok maravilla! —Pier coge una herramienta alargada y la hunde entre los ondulantes tentáculos de Vektor—. Esto de aquí no es tuyo, amigo —Hace palanca con la herramienta y al cabo de unos segundos Vektor lanza chispas por todos lados. Sus dos tentáculos aprietan el cuello de Pier, que suelta una carcajada nerviosa mientras usa otra herramienta alargada—. ¡Esto es mejor que cualquier polvo que he echado, ! ¡Estoy flipando!

[𝞹]> No disponéis de tiempo. <[𝞹]

[𝞹]> Dos satélites se han activado lanzando escáneres sobre la Cloaka. <[𝞹]

[𝞹]> Las patrullas aumentan. <[𝞹]

—El tiempo es el tiempo, Spyral. Yo no puedo hacer esto más deprisa —Pier usa un dron de mantenimiento sobre Vektor negando varias veces con la cabeza oculta bajo el casco—. Avísanos si hay patrullas cercando nuestra posición.

—¿No te crilla que Spyral acceda tan fácil a tu burodema? —Aplasto el cigarro irritado—. Sé que me está ayudando con todo esto, pero me siento un juguete en sus manos.

—Porque lo eres —Pier se encoge de hombros—. ¿Y qué más da? Los de Madrid-superior nos tienen controlados con sus cámaras, los drones, los escáneres ocultos, los troyanos en todas las burodemas y mil gadchets más. Spyral es la única fuerza de la Cloaka que puede hacer frente a esos sha gua de ahí arriba. Por mí, como si graba cada segundo de mi vida. Por lo menos lo hace alguien que no me ve como un núlì.

Cojo un kit de primeros auxilios para curarme la herida superficial del hombro derecho. Permanezco en silencio recordando mis años de evitar precisamente el control de Madrid-superior sobre mis datos. Sé que los más importantes han estado intactos, pero supongo que Spyral ha entrado hasta el último rincón de mi burodema, y eso me enerva de tal forma que acabo mordiéndome los labios.

Isha me mira sin mover un músculo de su cara. Parece saber qué estoy pensando, e intento interrumpirle sin conseguirlo fingiendo un quejido al limpiarme la herida. No soy capaz de aguantar su mirada y dejo que mis ojos se pierdan en la última noticia del canal del ayuntamiento, que presenta la adquisición de los nuevos Oracle, unas enormes máquinas de matar para vigilar la frontera de Madrid desde el desierto. Suspiro pensando las veces que esos bichos han de entrar en la Cloaka para terminar disturbios de raíz con la excusa de que la policía se ve superada.

—¿Queréis comer algo? La pequeña tiene cara de necesitarlo —Mientras Pier usa varios artilugios sobre Vektor, asalto un pequeño frigorífico que hay al lado de la mesa de trabajo y preparo algo improvisado a Isha, que después de negarse un par de veces termina devorando tres sándwiches, tres zumos pequeños y un batido de chocolate.

Hasta ese momento no he caído en un detalle como ése, ni siquiera cuando hemos estado en el Black Rose. Me enciendo otro Two-shots y miro a la pequeña recriminándome a mí mismo que no haya tenido la delicadeza de preocuparme antes de esas cosas.

En vez de eso, cuando hemos tenido un rato de descanso, he abandonado a Isha y me he olvidado de ella, de todo el mundo. Me he puesto hasta arriba de lo que he podido y casi dejo a la pequeña sin la única persona que puede ayudarle. Cómo me odio en ese momento.

—¡Zhang, ! ¡Esto es niubi! —Pier patalea entusiasmado—. ¡El ensamblaje de Vektor es la hostia! ¡Está hecho de piezas nanométricas con su propia I.A.!

Miro a Isha con una mueca de duda, pero ni se inmuta. Disfruta una manzana a enormes bocados.

—¡Es como una colmena de celdas con identidad individual! ¡Es una fok maravilla! —Pier coge una herramienta alargada y la hunde entre los ondulantes tentáculos de Vektor—. Esto de aquí no es tuyo, amigo —Hace palanca con la herramienta y al cabo de unos segundos Vektor lanza chispas por todos lados. Sus dos tentáculos aprietan el cuello de Pier, que suelta una carcajada nerviosa mientras usa otra herramienta alargada—. ¡Esto es mejor que cualquier polvo que he echado, ! ¡Estoy flipando!

El día más largo — Parte 13 | 1 de 2

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